25 agosto 2007

Gana salud descansando



Si no se descansa lo suficiente, a la larga la salud y el estado de ánimo se resienten. El primer paso para remediarlo es dormir bien, pero existen otras técnicas que ayudan a descansar y recuperar el equilibrio.

El descanso es la consecuencia natural y lógica que sobreviene cuando se está cansado. Todos nos cansamos y necesitamos descansar a diario, pero también en periodos semanales, mensuales o anuales pasamos por ciclos establecidos de mayor o menor actividad, la mayor parte de ellos influidos por la luz y la temperatura.
Sobre estos ciclos se desarrollaron cultos y costumbres desde tiempo inmemorial. Y es que para adaptarse al medio y sobrevivir fue importante, por ejemplo, planificar el trabajo en el campo: la siembra y la recolección, los descansos y la celebración de la cosecha.
Pero ¿qué se entiende por descansar? ¿Dormir? ¿Hacer el vago? ¿Entretenerse con algo que ayude a «desconectar»? ¿Relajarse conscientemente? Todas esas cosas podríamos decir que forman parte del concepto de descansar, y no sólo son esenciales para la higiene vital sino que, llegado el momento de la crisis o de la enfermedad, son una medicina esencial para recuperar la salud.
Descansar supone, como la misma palabra indica, deshacer el cansancio. Es la quietud, el reposo, dejar de trabajar. Es responder al síntoma de la astenia, que se define como la falta o pérdida de fuerza muscular que aparece en muchas enfermedades, quizá uno de los pilares de esa manifestación que los médicos naturistas llamamos Vis Medicatrix Naturae. Cuando el cuerpo exige el descanso, se manifiesta con cansancio, y la aplicación más inteligente en ese momento es hacerle caso al cuerpo y descansar.

El valor del reposo en cama
Una de las mejores técnicas de descanso a todos los niveles –físico, psicológico y espiritual– es el sueño. Su capacidad reparadora ha sido tan grande a lo largo de la historia que en los templos de Asclepios dedicados a la medicina se consideró fundamental. En la actualidad, el acto de dormir reposado –en griego kline– ha dado lugar a la palabra «clínica», y en todas ellas sigue siendo la cama la parte más valiosa del hospital.

Las claves de un sueño reparador
Para una buena higiene del sueño la primera norma es dormir cuando se tiene sueño. Es decir, dormir de noche, pero también favorecer durante el día las siestas cortas.
El número de horas que se deben dormir depende de la persona y el momento. Las 7-8 horas que se suelen recomendar son la media que precisa la mayoría, pero puede ser más o menos (entre 4 y 12 en los extremos) y fluctuar a lo largo de la semana, año o vida. Estas variaciones deben entenderse como algo natural.
Algunas medidas ayudan también a mejorar la calidad del sueño:

La habitación debería ser amplia, aireada y soleada, o por lo menos estar correctamente iluminada y ser silenciosa.

La cama ha de ser suficientemente dura y la almohada, adecuada. También ha de ser amplia, para favorecer los cambios de postura. La limpieza y disposición de la ropa de cama son importantes.

Debe limitarse la ingesta de sedantes y narcóticos.

Al enfermo se le aconseja moverse todo lo que pueda en la cama mientras no duerma. Si se mueve dormido, conviene dejar que lo haga.

Más allá de dormir bien
Además del sueño existen otras prácticas que favorecen el descanso y ayudan a ganar vitalidad. El reposo digestivo es una de las más valiosas, y así se ha considerado desde la antigüedad. La mejor forma de practicarlo es el ayuno. Puede ser de unas horas o uno o varios días. La relajación es, sin duda, la otra gran técnica que conviene tener presente. Existen varias posturas de yoga que la favorecen y ayudan a vencer el cansancio tanto corporal como mental.
Otra práctica ideal para descansar es el baño caliente, que se puede completar usando plantas relajantes: amapola, azahar, comino, hierbaluisa, lavanda, lúpulo, melisa, pasiflora, tila, verbena..


Cierto grado de actividad también es necesario para descansar bien. De ahí la importancia del ejercicio físico. Cansa, pero sin él cuesta más descansar.

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