18 febrero 2009

EL RIO ODIEL ( III )

Ricardo Gómez Ruiz

En 1886 ya estaba contaminado el arroyo Mojafre, el que da sus aguas a Olivarga. Y la rivera Escalada, por los vertidos de San Miguel. Once años después se nombra a la rivera de El Villar como rivera Amarga, alterada por los vertidos de Castillo del Buitrón. Pocos años después comienza a trabajar San Platón y el 1904 la rivera Seca presenta “enturbiamiento” por la actividad minera de La Esperanza.

El proceso de alteración de la cuenca prosiguió a ritmo creciente, paralelo a la intensificación de las explotaciones. El beneficio de minerales por calcinación al aire libre, tan lesivo para la vegetación, fue sustituído, ya bien tarde, por sistemas de canaleo (método Doetsch), cuyos residuos ácidos y carbonatados iban a parar directamente al río desde las conducciones y balsas.


La United Alkali Company Limited, filial de la Imperial Chemical Limited, propietaria de Sotiel, El Tinto-Santa Rosa y otras minas desde 1905, beneficiaba sus minerales, mediante el procedimiento de canaleos, en Las Viñas y Los Hundimientos .(Foto 5) Y Río Tinto, en plena actividad por aquellas fechas, contaminó irreversiblemente el río Tintillo desde Corta Atalaya, cuyo proyecto de explotación a cielo abierto se inició un año después.

Es indudable que la intensa actividad de los complejos mineros alteró biotopos ancestrales. Un siglo mas tarde, un paisaje único se extiende por parte de estos campos causando en el visitante que por primera vez los recorre sensaciones encontradas de consternación y asombro, idénticas a las que tuvieron viajeros antiguos al contemplar los escoriales de las minas onubenses.

El río Odiel, transcurriendo entre “vacies” y escombreras, mantiene hoy altos índices de alteración y no permite vida superior en el seno de sus aguas. Su corrección se presenta
problemática. Pero, a la vez, la ingente obra humana que causó su degradación permite hoy la explotación, aún incipiente, de la potencial riqueza turística que suponen unos lugares únicos, que pueden ser, sin duda, un factor a considerar frente a la crisis de la minería onubense.

Limites

Debido a la pobreza de recursos y a su escasa población humana, constantes en esta zona central de Huelva, no se han presentado en ella, pasada la fiebre minera, proyectos de modernización y el Odiel sigue siendo hoy, como en tiempos pasados, una barrera orográfica por su carácter
torrencial, régimen irregular y encajes profundos. Fue, y lo es aún, en cierta medida, una frontera natural entre poblaciones.

Un curioso pliego del Siglo XV, consecuencia de los interminables pleitos que los señores de Niebla mantenían con el Concejo hispalense por cuestión de términos delimita a
El Andévalo con topónimos aún perfectamente identificables en su mayoría. Así, nos indica las fronteras orientales de esta vieja comarca en La Alcolea, Facanías, el río Odiel desde el Oraque a la Olivargas y, aguas arriba de esta rivera, hasta Cerrejón Blanco, hoy Cabezo Montero,
en el Cerrojón actual, lugar localizado en Silos de Calañas. Mas al Este y limitando asimismo con este Campo deAndévalo, quedaban los términos de Almonaster y Zalamea “que son del Arzobispo de Sevilla”. Ello demuestra que a finales de la Edad Media ya estaban conformadas
las demarcaciones territoriales de varios poblamientos actuales onubenses: Gibraleón, Valverde, Almonaster y Zalamea. El Odiel y sus afluentes actuaban de fronteras naturales entre ellos aunque, pese a ser tan precisas, dieron lugar a numerosos pleitos. Y aún actualmente, esas fronteras siguen siendo barreras considerables que dificultan la relación humana.

Es razonable pensar que dichas demarcaciones fueran establecidas tras la conquista por Castilla, aunque con límites todavía inciertos, amplia movilidad de los vecinos para aprovechar los recursos de los diferentes términos y en régimen de Concejo Abierto.

Arqueología

Es un área que revela considerables arcaísmos. Cuna de los mas viejos iberos de España, sus tierras formaron parte de la Beturia céltica, con sus dioses indígenas y cultura propia.
Deshabitada hoy, guarda los restos de un pasado remoto.

Por los cerros que acunan al río, la huella del hombre es numerosa: sílex tallado, martillos de piedra, megalitos, cistas, escoriales y minas con huellas indudables de labores antiguas muestran una Prehistoria densa y aún poco conocida.

Existen en la zona yacimientos romanos sin estudiar y testimonios de épocas visigóticas. Algunos oteros presentan restos de tejas digitalizadas con rebordes ondulados de dudosa cronología y en las vertientes mas abruptas, muretes defensivos, hitos y vaguadas en laja con idéntica técnica constructiva que dos grandes recintos amurallados, localizados en las cumbres mas altas.
(ej.El monago)

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