15 julio 2014

Cuando el sol aprieta

El organismo tiene varios sistemas de defensa, como sudar, «ponerse colorado» y ciertos comportamientos. Aún así, el calor excesivo puede producir daños o incluso la muerte

Cuando el sol aprieta y las temperaturas suben, el cuerpo humano pone en marcha una batería de respuestas encaminadas a disipar calor y a mantenerse alrededor de su temperatura habitual de cerca de 37 grados centígrados.
Todo este conjunto de mecanismos, conocido como, está encaminado a mantener la estabilidad de las condiciones del cuerpo (homeostasis), para que no se produzcan daños o errores en el funcionamiento del organismo.
Así, cuando sufrimos temperaturas elevadas de cerca de 40 grados centígrados y el sol nos castiga, hay un punto crítico a partir del cual el organismo comienza a defenderse. De un modo similar al del termostato de un climatizador, cuando el cuerpo detecta que la piel está por encima de cierta temperatura, comienza a hacer lo posible por refrescarse.

El hipotálamo, una región del cerebro que controla funciones vitales básicas, activa la respuesta de sudación, que consiste en la secreción de agua y sales (sudor) para disipar el calor de la piel. Este «truco» aprovecha que el agua tiene un elevado calor de vaporización, es decir, que al evaporarse absorbe mucho calor, y por eso sudar o bañarse genera esa sensación refrescante.

Además de empapar la camiseta, el hipotálamo activa otra respuesta conocida como vasodilatación
Lugar donde se encuentra el hipotálamo (en rojo)
periférica o cutánea, que es lo que ocurre cuando la piel se enrojece y nos ponemos colorados cuando hace calor o cuando hacemos ejercicio y generamos un exceso de calor. Los capilares y demás vasos sanguíneos que transportan la sangre se ensanchan en la parte más externa del organismo, de modo que la sangre del interior se acumula en el exterior y libera calor. Sería algo así como el líquido refrigerante del motor de un coche. El agua se calienta en el motor y va al radiador para liberarlo al exterior.

Además, este centinela de la temperatura que es el hipotálamo ralentiza algunas funciones del metabolismo para producir menos calor.
Y por último, y lo que no es menos importante, las personas recurren a varias soluciones para evitar el calor, como ponerse a la sombra, refrescarse, beber agua o echarse la siesta, al igual que muchos otros animales.

Daños causados por el exceso de calor

Aún así, cuando nada de esto es suficiente, se pueden producir daños por exceso de calor en el organismo (hipertermia). Pueden aparecer calambres en los músculos y una sensación de agotamiento relacionada con la pérdida de líquidos a través de la sudación y la respiración (en el aliento se pierde bastante humedad).

Además, a causa de la vasodilatación periférica (del enrojecimiento de la piel que disipa calor), disminuye el flujo de sangre en los órganos internos y puede bajar la tensión arterial. Por último, si la persona sigue sometida al calor extremo, puede sufrir una insolación o golpe de calor.
 
En estos casos, aparece dolor de cabeza, confusión, pérdida de la conciencia, aumento de la frecuencia cardiaca, disminución de la presión arterial, y si la temperatura aumenta hasta los 42 o 43 grados centígrados, se produce daño cerebral o incluso la muerte.

gonzalo lópez sánchez

03 julio 2014

Melocotón

Con el buen tiempo llega el melocotón, una fruta cuya jugosidad y aroma invitan a disfrutarla con todos los sentidos. Además de cautivar, favorece la digestión y aporta abundantes antioxidantes que protegen la vista y potencian la salud.

Los melocotones son una fruta de temporada, ya que aguantan poco tiempo una vez recogidos. Se trata de una fruta muy jugosa, lo que indica un elevado contenido de agua (87,5%). El porcentaje de hidratos de carbono, responsables de su dulzor, es moderado (8,7%), mientras que su contenido proteico resulta escaso (0,7%) y el de lípidos casi nulo (0,1%). También aporta fibra (1,4%), en su mayor parte soluble. Los conservados en almíbar son nutritivos, pero pierden vitaminas y minerales, además de ser más calóricos. Secados al sol conservan la mayoría de sus propiedades.

Tesoro antioxidante
En esta fruta destaca el aporte de vitaminas A, C y E, de reconocidas propiedades antioxidantes.

Comer un melocotón mediano (200 g) cubre el 15%, el 33% y el 10% de las necesidades diarias, respectivamente. Otras vitaminas presentes en el melocotón son la K, así como la B1 (tiamina) y B2 (riboflavina).
Entre los minerales, destaca la presencia de potasio (regula el tono muscular y la formación de orina), si bien también aporta pequeñas cantidades de fósforo (importante para los huesos, el sistema nervioso y el cerebro), calcio, magnesio (sistema nervioso), cinc (sistema inmunitario), selenio (antioxidante que previene frente al cáncer y problemas cardiacos), hierro y azufre (función hepática y buen estado de la piel).
Pero quizá su principal virtud es la riqueza en carotenos, precursores de la vitamina A que se formará posteriormente en nuestro organismo.
Contiene asimismo antioxidantes polifenólicos como la luteína y la zea-xantina. Estos pigmentos poseen propiedades antioxidantes que protegen frente al cáncer (especialmente de estómago) y las alteraciones cardiovasculares. Además ayudan a mantener la piel y los ojos en buen estado.

Cómo beneficiarse de sus propiedades

Los beneficiosos componentes del melocotón se reparten entre la pulpa y la piel, por lo que lo más aconsejable es comer esta fruta sin pelar, siempre que se haya lavado bien y proceda de cultivos en los que no se utilicen plaguicidas.
Es cierto que el melocotón es una de las frutas que produce más reacciones alérgicas de tipo alimentario, pero en la mayoría de las veces se trata de una reacción localizada, el «síndrome de alergia oral», con picor de boca y garganta. Esta reacción no es por la pelusilla como se creía sino que la ocasionan las proteínas que contiene la piel (a menudo se trata de reacciones cruzadas).
En estos casos basta con pelar el melocotón, o bien sustituirlo por nectarinas, que no suelen presentar este problema.

01 julio 2014